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1 Los Bovinos son animales gregarios. Cualquier situación de separación de la manada lo afectará negativamente y hay que tratar de que esta situación no se prolongue innecesariamente.
2 La manada tiene jerarquía estable. Cuando se altera la composición de un grupo, se generan enfrentamientos por la posición en la manda debido al desconocimiento mutuo.
3 Los cambios en la composición de la manada generan estrés. No conviene mezclar animales de distintos lotes al hacer tropas para venta, y en caso de hacerlo, es preferible embarcarlos separados.
4 Los cambios en el ambiente o en la rutina también generan estrés. Los animales tienen miedo a las situaciones desconocidas, máxime  si se las impone con violencia o bruscamente.
5 Los perros, salvo excepciones muy contadas, hostigan al vacuno y le generan estrés.
6 Los gritos y los ruidos, sobre todo los agudos (alaridos, chirridos, chiflidos), asustan al bovino y lo predisponen a reacciones defensivas. Si son persistentes, generan estrés.
7 Dado que el animal no entiende nuestro idioma, se guía por los mensajes que están a su alcance, como el lenguaje corporal, la actitud, los olores. El personal nervioso pone nervioso a los animales y el trato violento pone violento a los animales.
8 El bovino tiene un visión imprecisa y los contrastes de luz o los objetos que resaltan del contexto los frenan. Se resiste a marchar a contraluz, por lugares de luz y sombra, o hacia lugares oscuros donde no se vea una salida.
9 El bovino es un animal de fuga. Siempre que se le dé una salida, preferirá alejarse que enfrentar a un humano.  Si no se lo ofrece una salida, dejará de fugar y comenzará a luchar. El buen manejo se reduce, en la práctica, a dejar que el animal fugue hacia donde se necesita que vaya, en vez de tratar de llevarlo a la fuerza u obligarlo.
10 El bovino necesita espacio para moverse y para ver la salida. No hay que hacinarlo, ya sea en corrales o en toriles, porque eso generará una reacción gregaria de pánico. Conviene trabajar con la mitad  (o menos) de los animales que cabrían en un espacio dado. Es preferible que la manga se llene de menos y no de más, y lo mismo vale por otros espacios reducidos, como la balanza.
11 No hay que apremiar a los animales. El exceso de presión genera reacciones en contra, como los arremolinamientos, si hay espacio, o los arrinconamientos, cuando no lo hay. Estas son dos señales de que la hacienda entró en pánico y comienza a sufrir estrés.
12 No hay que alterar el ritmo normal de los animales con encierres prolongados, falta de alimento o agua, cambios de dieta súbitos, etc.
13 Hay que evitar el uso de picanas eléctricas y otros instrumentos de castigo, que no solamente deterioran la calidad de la carne y el cuero, sino que además condicionan negativamente a los animales respecto de los lugares, trabajos y personas asociados a las experiencias dolorosas.

EFECTOS DEL MALTRATO EN EL GANADO

Hay formas obvias de hacer sufrir al ganado, como los azotes, la picana, los golpes y los perros. Se ha comprobado científicamente que una sola aplicación de picana eléctrica produce en el ternero una aplicación del pulso que dura de 7 minutos, en promedio. Un animal aislado  de un rodeo entra fácilmente en pánico y si además se lo expone al asedio de perros en un corral, puede morirse de un paro cardíaco. Estos ejemplos demuestran que el bovino es un animal mucho más sensible y vulnerable de lo que parece. 

El mal manejo del animal en sus últimas horas de vida es uno de los principales enemigos de la calidad de carne. Este maltrato final se genera en el campo, continúa durante el transporte y pasaje por el local de remate, y culmina en la planta de faena.

Las señales del mal trato van desde las lonjazos y los machucones hasta las pérdidas de calidad y valor de carne (“carne oscura”).

Los machucones se producen por los distintos golpes que recibe el animal, desde los que le aplican los operarios, los que sufren al chocar contra las distintas instalaciones, y los que le dan otros animales (sobre todo si son astados).

 La carne oscura, en cambio, es producto de proceso de estrés que sufre el animal, durante el cuál este recurre a sus reservas energéticas (glucógeno), lo que limitará la reducción del pH del músculo en las horas posteriores a la faena.  El pH mide el nivel de acidez o alcalinidad de la carne, y debe bajar de 7,2 (casi neutral) en el animal vivo a un óptimo de 5,6,5,8 (levemente ácido) a las 20 horas de faenado. Esta acidificación se logra por que el músculo metaboliza sus reservas de glucógeno para producir ácido láctico.

Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado - Agosto 2006